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Esther Duflo: probar la economía como se prueba un medicamento

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Durante mucho tiempo, buena parte de las políticas contra la pobreza se decidían a partir de teorías generales o de la intuición de quien las diseñaba, sin comprobar realmente si funcionaban. Esther Duflo, economista franco-estadounidense, se propuso cambiar eso importando una herramienta que llevaba décadas siendo el estándar en otro campo: la medicina.

Quién es

Esther Duflo (nacida en 1972) es profesora en el MIT y, en 2019, se convirtió en la persona más joven en recibir el Premio Nobel de Ciencias Económicas, junto con Abhijit Banerjee (su marido y colaborador habitual) y Michael Kremer. El premio reconoció su enfoque experimental para estudiar y combatir la pobreza a nivel mundial.

La idea: ensayos controlados aleatorizados, aplicados a la pobreza

Cuando se prueba un medicamento nuevo, no se pregunta a la gente si cree que funcionará: se divide a un grupo de personas al azar en dos, se le da el tratamiento real a un grupo y un placebo al otro, y se compara el resultado. Duflo aplicó esa misma lógica —el ensayo controlado aleatorizado— a preguntas de desarrollo económico: ¿ayuda de verdad repartir mosquiteras gratis a reducir la malaria, o es mejor cobrar un precio simbólico para que se valoren más? ¿Mejora la asistencia escolar becar a las familias, o hace falta algo más? En vez de debatir la respuesta en abstracto, diseñaba experimentos de campo reales, con un grupo que recibía la intervención y otro que no, para medir el efecto real con datos.

"En vez de preguntar qué debería funcionar en teoría, Duflo preguntaba: ¿qué ha funcionado de verdad, cuando lo hemos medido?"

Ejemplos que cambiaron políticas reales

Sus estudios de campo, llevados a cabo en países como India o Kenia a través del laboratorio de investigación J-PAL que cofundó, han influido en decisiones muy concretas: cómo diseñar programas de becas para mejorar la asistencia escolar, cómo estructurar el acceso a microcréditos para que realmente ayuden a salir de la pobreza (encontrando, a menudo, resultados más modestos de los que se esperaba), o qué tipo de incentivos hacen que la gente complete tratamientos médicos que empieza pero abandona a medio camino.

Por qué generó también debate

El método de Duflo no está exento de críticas: algunos economistas señalan que un experimento que funciona bien en una región concreta de un país no siempre se puede extrapolar sin más a otro contexto cultural o económico distinto, y que centrarse en preguntas muy concretas y medibles puede dejar de lado problemas estructurales más amplios (como las causas históricas o políticas de la pobreza) que no se resuelven con un solo programa bien diseñado. El propio campo sigue debatiendo dónde termina la utilidad de este método y dónde empiezan sus límites.

Por qué importa hoy

Más allá de sus hallazgos concretos, la aportación más duradera de Duflo puede ser cultural: convertir la pregunta "¿esto funciona de verdad?" en el punto de partida habitual antes de implementar una política de desarrollo a gran escala, en vez de una pregunta que se hace después, si es que se hace. Gobiernos y organizaciones internacionales usan hoy metodologías inspiradas directamente en su trabajo para decidir qué programas sociales financiar.