"El PIB ha crecido un 2%", "la economía se contrae por segundo trimestre"... son frases que aparecen en las noticias constantemente, casi siempre sin explicar qué es realmente ese número del que todo el mundo habla.
La idea, con una compra al supermercado
Imagina que pudieras sumar el precio de absolutamente todo lo que se ha producido y vendido en España durante un año: cada barra de pan, cada corte de pelo, cada coche fabricado, cada consulta médica privada, cada aplicación programada. Esa suma gigantesca, con algunos ajustes técnicos, es más o menos el PIB: el Producto Interior Bruto, el valor total de los bienes y servicios que produce un país en un periodo determinado.
Por qué se mide "el crecimiento" y no el número en sí
El número absoluto del PIB dice poco por sí solo — lo relevante casi siempre es la comparación: ¿ha producido la economía más o menos que el año anterior? Si el PIB crece, en términos generales significa que se ha producido y vendido más que antes: más contrataciones, más consumo, más actividad. Si se contrae, ocurre lo contrario, y dos trimestres seguidos de contracción es, de hecho, la definición técnica de una recesión.
PIB total y PIB por persona no son lo mismo
Un país puede tener un PIB total enorme simplemente por tener mucha población, sin que eso signifique que cada persona viva mejor. Por eso se usa también el PIB per cápita: el PIB total dividido entre el número de habitantes. Es una foto más cercana (aunque todavía imperfecta) de cuánto le corresponde, en promedio, a cada persona.
"El PIB mide cuánto se produce, no cuánto se disfruta. Un país puede crecer y, al mismo tiempo, repartir ese crecimiento muy mal."
Lo que el PIB no cuenta
El PIB tiene límites importantes que conviene tener en la cabeza cuando se lee una noticia sobre él. No refleja cómo se reparte esa riqueza entre la población: puede crecer mientras la desigualdad también crece. Tampoco cuenta el trabajo que no pasa por el mercado, como los cuidados no remunerados dentro de un hogar. Y no dice nada sobre el impacto ambiental de esa producción: una economía puede crecer agotando recursos que no va a recuperar.
Por qué, aun así, se sigue usando tanto
Con todas sus limitaciones, el PIB sigue siendo el indicador más usado porque es comparable entre países y a lo largo del tiempo, y porque, a grandes rasgos, sí se relaciona con cosas que importan de verdad: cuando la economía crece de forma sostenida, suele ir acompañada de más empleo y más recaudación para financiar servicios públicos. No es una medida perfecta de bienestar, pero sigue siendo el primer termómetro al que casi todo el mundo mira.