Un seguro, en el fondo, es una herramienta con un solo propósito: cubrir un riesgo que, si ocurriera, no podrías asumir tú solo sin pasarlo realmente mal. Con ese criterio en la cabeza, es mucho más fácil distinguir qué seguros merecen la pena y cuáles se venden apelando al miedo más que a una necesidad real.
El criterio para decidir: ¿podrías pagarlo tú mismo?
La pregunta clave ante cualquier seguro no es "¿podría pasarme esto?" — casi cualquier cosa podría pasarte — sino: si pasa, ¿tengo capacidad de asumir ese coste con mis ahorros, sin que suponga una ruina? Si la respuesta es que sí, sin apuros, ese seguro probablemente sea prescindible. Si la respuesta es que no, o que te dejaría en una situación muy complicada, ahí sí tiene sentido transferir ese riesgo a una aseguradora.
Los que casi siempre tienen sentido
Seguro de hogar (responsabilidad civil incluida): un incendio, una inundación al vecino de abajo o un robo pueden suponer un coste que la mayoría de la gente no podría afrontar de golpe. Si tienes hipoteca, además, suele ser obligatorio.
Seguro de vida, si alguien depende de tus ingresos: si tienes pareja, hijos, o cualquier persona que dependería económicamente de ti, un seguro de vida cubre exactamente el riesgo que no se puede asumir de otra forma: que tu ingreso desaparezca de golpe. Si nadie depende de tu sueldo, este seguro pierde buena parte de su sentido.
Seguro de coche a terceros (el obligatorio): cubre los daños que puedas causar a otros, que pueden ser muy superiores al valor de tu propio vehículo. Es obligatorio por ley precisamente porque el riesgo que cubre puede arruinar a cualquiera.
"Un buen seguro no es el que cubre absolutamente todo. Es el que cubre lo que de verdad no podrías pagar tú solo."
Los que conviene revisar caso por caso
Seguro de salud privado: depende mucho de tu situación (si tienes sanidad pública de calidad accesible en tu zona, si valoras tiempos de espera más cortos, si tu trabajo ya te lo ofrece como beneficio). No es un "sí o no" universal.
Seguro de decesos: cubre un gasto real (un funeral cuesta dinero), pero conviene comparar el coste acumulado de las cuotas durante años frente a simplemente tener ese dinero ahorrado aparte — para muchas personas, un pequeño fondo específico ahorrado hace lo mismo sin pagar de por vida.
Los que suelen vender miedo más que necesidad
Seguro del móvil: el coste de reparar o sustituir un móvil, aunque molesto, rara vez es una cifra que no puedas asumir con tus ahorros — es precisamente el tipo de riesgo "pequeño pero molesto" que tiene más sentido asumir tú mismo que pagar una prima mes a mes.
Seguros añadidos en el checkout de una compra online (extensión de garantía de un electrodoméstico, por ejemplo): suelen tener un coste desproporcionado frente al riesgo real que cubren, y muchas veces se solapan con la garantía legal que ya tienes por ley.
La trampa de "más vale prevenir"
El argumento de "más vale prevenir" puede aplicarse a absolutamente cualquier seguro, y por eso no es un buen criterio por sí solo — llevado al extremo, justificaría asegurar hasta el paraguas. El criterio que de verdad importa es el tamaño del riesgo frente a tu capacidad de asumirlo tú mismo, no si existe o no la posibilidad de que algo salga mal.